El yoga que he practicado es el Hatha Yoga, es decir el del control corporal que ayuda a tener serenidad y armonía basado en una respiración correcta, ejercicios físicos, concentración y relajación.
La primera vez que acudí a una clase de Yoga fue en Ibiza en el año 1982. Vi el anuncio y me apunté. M;e atraía esa actividad de la que no sabía casi nada . Esa primera experiencia no fue mala, pero era mejorable. Las clases se daban en un primer piso en la calle Isidoro Macabich ( con mucho ruido del tráfico, y con los ruidos de la vivienda de arriba) con un profesor argentino (creo que su nombre era Oncar), muy guapo y con un cuerpo trabajado. Yo era la única española, éramos todas mujeres, una australiana, una israelita, dos o tres alemanas, alguna inglesa, una irlandesa y yo.
Al poco tiempo hablando con una compañera del instituto supe que había una profesora francesa (Michelle) que daba clases en una casa payesa frente a la playa de Salinas y conseguí formar un grupo con compañeros y compañeras del instituto para que Michelle nos diera clase. Ibamos dos días, al salir de clase al mediodía, de dos a tres y fue una experiencia muy buena. Las clases las hacíamos en la era, al aire libre, rodeados de pinos y viendo el mar. Al terminar comíamos algo de fruta y volvíamos a dar clase al instituto por la tarde (entonces no teníamos jornada continuada). Me gustó muchísimo. Me sentó muy bien. La flexibilidad que se adquiere, el aprender a relajarse, el respirar bien, hacer ejercicio al aire libre en compañía agradable….
Al trasladarme al instituto de Villajoyosa empecé a ir a clases a Alfaç del Pí. Con dos compañeras y un compañero compartía el camino de ida y vuelta entre Villajoyosa y Alfaç una o dos veces por semana . En ocasiones me acompañaba mi hija que entonces tenía dos, tres, cuatro años y ella también se estiraba y se tumbaba sobre mí cuando estábamos haciendo los cocodrilos o el saludo al sol. Esas clases también las disfruté mucho. A veces dábamos las clases en el jardín de la casa o en la playa y realmente en esas clases aprendí a respirar bien, a relajarme ante situaciones estresantes. Los consejos de la profesora siempre eran oportunos dándonos una visión positiva de la vida.
A partir de 1989 volví a vivir en Alicante y busqué algún sitio donde se hiciera yoga. Después de asistir a clase con dos profesores diferentes (que no me gustaron: hacían yoga como si fuera gimnasia) encontré un día, por casualidad, un nuevo sitio para practicar yoga. Con esta nueva profesora seguí aprendiendo mucho sobre el yoga y sobre la vida. Y somos amigas hace veinte años. Cuando la conocí ella era una mujer de 50 años y yo una de 30. El primer día que llamé a su timbre para pedir información, empezamos a hablar a las una del mediodía y salí de su casa (después de que nos invitara a comer a mi y a mi hija) a las cinco de la tarde. Y desde entonces seguimos en contacto y sus consejos (físicos y anímicos) siempre han sido positivos.
Además de esta profesora he conocido a otras y otros, y de cada uno de ellos he aprendido algo que en algún momento he podido aplicar. Unos me han hecho trabajar mas la respiración o los estiramientos, otros han dedicado mas tiempo a la relajación, la concentración o los asanas. Al mismo tiempo siempre han llegado a mis manos textos que también me han hecho saber mas de mi y del yoga.
Carmen Boluda
La primera vez que acudí a una clase de Yoga fue en Ibiza en el año 1982. Vi el anuncio y me apunté. M;e atraía esa actividad de la que no sabía casi nada . Esa primera experiencia no fue mala, pero era mejorable. Las clases se daban en un primer piso en la calle Isidoro Macabich ( con mucho ruido del tráfico, y con los ruidos de la vivienda de arriba) con un profesor argentino (creo que su nombre era Oncar), muy guapo y con un cuerpo trabajado. Yo era la única española, éramos todas mujeres, una australiana, una israelita, dos o tres alemanas, alguna inglesa, una irlandesa y yo.
Al poco tiempo hablando con una compañera del instituto supe que había una profesora francesa (Michelle) que daba clases en una casa payesa frente a la playa de Salinas y conseguí formar un grupo con compañeros y compañeras del instituto para que Michelle nos diera clase. Ibamos dos días, al salir de clase al mediodía, de dos a tres y fue una experiencia muy buena. Las clases las hacíamos en la era, al aire libre, rodeados de pinos y viendo el mar. Al terminar comíamos algo de fruta y volvíamos a dar clase al instituto por la tarde (entonces no teníamos jornada continuada). Me gustó muchísimo. Me sentó muy bien. La flexibilidad que se adquiere, el aprender a relajarse, el respirar bien, hacer ejercicio al aire libre en compañía agradable….
Al trasladarme al instituto de Villajoyosa empecé a ir a clases a Alfaç del Pí. Con dos compañeras y un compañero compartía el camino de ida y vuelta entre Villajoyosa y Alfaç una o dos veces por semana . En ocasiones me acompañaba mi hija que entonces tenía dos, tres, cuatro años y ella también se estiraba y se tumbaba sobre mí cuando estábamos haciendo los cocodrilos o el saludo al sol. Esas clases también las disfruté mucho. A veces dábamos las clases en el jardín de la casa o en la playa y realmente en esas clases aprendí a respirar bien, a relajarme ante situaciones estresantes. Los consejos de la profesora siempre eran oportunos dándonos una visión positiva de la vida.
A partir de 1989 volví a vivir en Alicante y busqué algún sitio donde se hiciera yoga. Después de asistir a clase con dos profesores diferentes (que no me gustaron: hacían yoga como si fuera gimnasia) encontré un día, por casualidad, un nuevo sitio para practicar yoga. Con esta nueva profesora seguí aprendiendo mucho sobre el yoga y sobre la vida. Y somos amigas hace veinte años. Cuando la conocí ella era una mujer de 50 años y yo una de 30. El primer día que llamé a su timbre para pedir información, empezamos a hablar a las una del mediodía y salí de su casa (después de que nos invitara a comer a mi y a mi hija) a las cinco de la tarde. Y desde entonces seguimos en contacto y sus consejos (físicos y anímicos) siempre han sido positivos.
Además de esta profesora he conocido a otras y otros, y de cada uno de ellos he aprendido algo que en algún momento he podido aplicar. Unos me han hecho trabajar mas la respiración o los estiramientos, otros han dedicado mas tiempo a la relajación, la concentración o los asanas. Al mismo tiempo siempre han llegado a mis manos textos que también me han hecho saber mas de mi y del yoga.
Carmen Boluda
No hay comentarios:
Publicar un comentario